Sé que ciertas críticas califican de menor a esta película dentro de la trayectoria del director Paolo Virzi, calificándola de intento de road movie femenino sin la grandeza de Thelma & Louise.
Para empezar, pienso que esto último ni falta que le hace a Locas de Alegría. Tanto el desparpajo de los
diálogos que se suceden vertiginosos, como sus escenas, dan fe de los premios conseguidos
y la buena acogida que han acompañado su paso por diversos festivales europeos.
Como mi visión no la compara con la americana, porque ni la cultura que anima
el guión ni los ambientes y paisajes por los que se mueven nuestras protagonistas tienen
nada en común con aventuras de Arkansas a Arizona,
aquí va lo que experimenté desde mi butaca.
Olvídense de las amargas cintas de manicomios con Jack Nicholson y el Nido del Cuco, o Jessica Lange en Frances. Aún en la tristeza
de su realidad, las dos mujeres de esta aventura cabalgan a lomos de un
unicornio, si, viviendo inmersas por etapas la desoladora inmediatez de sus
vidas. Pero en ciertos episodios, cuando las salidas se bloquean impidiéndoles
avanzar, se impone el resistir inventando, batallando, cuadrando las
situaciones al capricho de los personajes, cosa que el director consigue en las
disparatadas escenas.
En el transcurso de ese desarrollo la interpretación de ambas actrices quedará
fundida con Beatrice y Donatella, tal es su simbiosis. La extraordinaria Valeria Bruni-Tedeschi en el papel de la
condesa desequilibrada y verborreica, atractiva y estilosa, quien por sus
delirios amorosos y económicos llevó la ruina a su familia, se complementa con la introvertida pena de Micaela Ramazzoti, la ex-gogó promiscua
y bellísima que perdió el norte a la vez que la custodia de su hijo hasta
llegar al hundimiento.
Para los amantes de las grandes superproducciones con presupuestos
hipermega, ésta no es su película. Aquí se impone el aficionado que valore la
minuciosa descripción de los diversos mundos que la componen, con tipos que si
su pose ante la cámara apenas dura un segundo, por auténticos se fijarán en la
retina del espectador que aprecia el detalle. La gracia de estas dos
desventuradas reside en que, ignorando su desvalimiento, siguen pilotando su
realidad con ingenio y por ello conviene verlas como seres humanos víctimas del
infortunio. Pudiendo haber caído en el folletín, Varzi sortea el peligro a la
italiana y opta por la comprensión mostrándonos que ellas no son distintas a
cualquiera de nosotros. A veces la distancia entre cordura y chaladura es fina
como un cabello y dependerá de cuánto dolor y decepción sea capaz de resistir el individuo antes
de romperse.
Soberbias las interpretaciones de estas dos figuras del cine hermano.
Cada uno de los tipos cercanos que aparecen con ellas, a pesar de lo
acelerado de su paso muestran su verdad revelando partes de la trama que en
ningún momento saldrán de sus labios.
Con guión de Paolo Varzi y Francesca Archibugi, música de Paolo Virzì y fotografía de Vladan
Radovic, Locas de Alegría pide
más metraje y no me extrañaría que deviniese en una serie. El tiempo dirá.
Ana Mª Ferrin
